Cucaracha blanca

 
 

No es raro encontrar cucarachas cuando se busca entre libros y papeles que llevan tiempo guardados. Y es probable que entre las cucarachas asustadas que corren en todas direcciones haya una que otra blanca, no albina como algunas personas erróneamente les llaman. Estos individuos no tienen color porque se encuentran en un periodo muy particular de su ciclo de vida. Resulta que, como todos los insectos, tienen el cuerpo cubierto por una cutícula o exoesqueleto rígido. Esta armadura tiene varias ventajas pero tiene una desventaja grande: no estira y por lo tanto no permite el crecimiento. Para crecer los insectos tienen que cambiar la armadura periódicamente.


El primer paso es secretar una cutícula nueva debajo de la vieja. Cuando la nueva está lista, el animal comienza a contraer sus músculos para presionar sobre una fina línea dorsal que corre desde la cabeza hasta el final del abdomen. La cutícula vieja se raja y el insecto lentamente se despoja de la misma. La cubierta nueva es blanca, blanda y flexible. Ahora, el animal aumenta su presión interna para estirar la cutícula nueva, que pronto comenzará a tornarse rígida y a adquirir su color oscuro. Los tejidos del insecto crecerán dentro de un exoesqueleto más grande, hasta que para crecer más sea necesario mudar la cutícula nuevamente. Las cucarachas, como los demás insectos, dejan de crecer cuando llegan a la adultez y adquieren sus alas.

El Dr. Carlos Santos encontró a esta curiosa cucaracha blanca parada sobre el guano que cubre el piso de Cueva Tuna.  Le apuntó con una linterna para que yo pudiera enfocar y poco después el flash dominó a la linterna. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 400,  1/125 s, f/8, flash anular.

Periplaneta americana