Lagartijo casero

 
 

Aunque en nuestra isla viven once especies de lagartijos, para la mayoría de los puertorriqueños sólo hay una: el lagartijo casero que vemos a diario en terrazas, marquesinas, rejas, ventanas e incluso dentro de las casas (donde come arañas, cucarachas, hormigas, moscas, mosquitos, polillas y otros insectos). Anolis cristatellus vive a través de todo Puerto Rico hasta los 2800 pies de altura, también en Culebra, Vieques y las Islas Vírgenes. Además ha sido introducido a Dominica, la República Dominicana y la Florida. Es uno de los lagartijos más variables en coloración y en el desarrollo de la cresta dorsal que dio origen a su nombre científico; algunos machos la tienen grande, otros reducida (como el de la foto)  y algunos no la tienen.


Estos lagartijos son territoriales. Los machos definen un área dentro de la cual pueden residir hembras, que a su vez establecen territorios más pequeños, pero no pueden residir otros machos adultos. Si un invasor se acerca al dominio de otro, el dueño le hace advertencias desplegando su colorida gaita, haciendo lagartijas (pushups) y moviendo el rabo de lado a lado. Si el intruso responde de igual forma y/o persiste en acercarse, sucederá una persecución que puede terminar en un intenso combate, durante el cual los adversarios se corren alrededor, se empujan, emiten leves chirridos (como de grillos) y hasta se muerden. El combate termina cuando el perdedor se retira, quizás con el labio ensangrentado.

Me encontraba recostado un domingo por la tarde cuando escuché un ruido en el patio. Me asomé por la ventana y observé dos lagartijos que luchaban como gladiadores. Cuando llegué corriendo con la cámara se asustaron y se separaron. Quedé asombrado porque pelearon hasta sacarse sangre. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/60 s, f/10, luz natural.

Anolis cristatellus